Phil Galfond es desde hace años, un referente en la modalidad Pot-Limit Omaha, misma que últimamente ha ido creciendo en popularidad debido a una mayor cantidad de acción en sus paños. Es necesario adaptarse y aquí se abordan los puntos más importantes para conseguirlo
El Pot-Limit Omaha se ha ganado una bien merecida fama de ser una variante que ofrece acción desenfrenada y es que resulta prácticamente inevitable: varios jugadores en la mesa, cuatro cartas en mano para cada uno y aunque el ritmo de las apuestas se marca con límite de pozo, es común ver jugarse pozos enormes desde las primeras rondas. Además, los enfrentamientos a fondo tras ver el flop suelen, a diferencia del No-Limit Hold´em, distribuir la equidad de forma mucho más balanceada entre ambos rivales en la mano.
Quien llegue a creer que esta naturaleza volátil de esta variante invita a jugar un mayor número de manos cuando se compite en un torneo, probablemente estén cometiendo uno de los errores más costosos dentro de esta modalidad. Y Phil lo sabe perfectamente. Es un referente en esta modalidad desde hace años y es ganador de un brazalete WSOP en 2008, precisamente en un evento de este formato a cuatro cartas. Su reputación sólida se construyó sobre una base que refleja una profunda comprensión de cuando seguir presionando y de cuando meter freno de mano para evitar una catástrofe mayor.
Los primeros niveles de un torneo PLO pueden ser engañosos.
Al inicio de un torneo de Pot-Limit Omaha los stacks son profundos y el margen de maniobra es bastante amplio. El juego en estos primeros niveles se asemeja bastante a una partida de cash: los jugadores pueden buscar ver flops cuando las situaciones presentadas sean favorables y pueden buscar extraer valor con manos lo suficientemente fuertes ni necesidad de comprometer el torneo todavía.
Pero esta dinámica cambia drásticamente a medida que las apuestas obligadas incrementan en valor, reduciendo el número de big blinds disponibles en relación a estas. Aquí, la capacidad de explotar ventajas posicionales y de tamaño de stack se reducen drásticamente y así el juego comienza a exigir una selección de manos mucho más estricta. Aquí las situaciones de ICM (el modelo que define la equidad en la estructura de premios) añaden una capa adicional de presión conforme crece el valor económico de los cobros en juego y es máxima en la mesa final y los puestos más altos del escalafón.
La razón de todo esto es un tema particular de esta modalidad Pot-Limit Omaha y que no tiene equivalente en la variante estándar del No-Limit Hold´em: los «flips» una vez llegando al flop suelen ser mucho más frecuentes. Es muy común encontrarse con dos jugadores que llegaron al flop y tienen manos que están obligados a defender por la alta equidad que ejecutan. Esto convierte a cada subida preflop y a los 3-Bets en decisiones de muy alto riesgo y alta varianza.
El problema de las resubidas en el PLO
Galfond recomienda realizar resubidas con mayor frecuencia cuando se juega un torneo, de lo que se haría normalmente en una partida de cash. Sin embargo esto no implica que deba hacerse a un ritmo desenfrenado, dando pie a que nuestros oponentes aprovechen esta clara tendencia y busquen apoderarse de la iniciativa cuando juegan en posición ante nosotros. La solución no es ceder terreno sino abrir de manera más selectiva desde un principio. Así, las manos con las que se continúa ante una resubida son genuinamente fuertes y el rango queda mucho mejor equilibrado sin necesidad de defender manos que son marginales y pierden frecuentemente en el showdown.
Mucha cautela con los ases: son la trampa más mortal del PLO

Si hay un escenario que resume muy bien las enormes diferencias que existen entre el Hold´em y el PLO en la variante particular de torneos, es el manejo de las manos que contienen pareja de ases. En la variante a dos cartas, tener par de ases de mano justifica subir agresivamente cualquier tipo de apuesta previa en la ronda preflop, sin importar incluso tener desventaja posicional y buscando que todas las fichas acaben al centro lo antes posible. Pero en PLO la ecuación es mucho más compleja. Galfond señala de manera contundente como es que resubir siempre con ases en torneo genera más daño que beneficio en la mayoría de los escenarios.
El primer punto es introducir una mayor variancia de manera innecesaria. Los ases en PLO son una mano fuerte antes del flop pero distan mucho de ser dominantes en escenarios contra múltiples oponentes con tres o cuatro jugadores viendo las primeras tres comunitarias con manos bien coordinadas que pueden conectar con mucha fuerza o bien generar proyectos con un valor de equidad muy alto.
El segundo punto es el rango percibido. En los torneos de PLO los jugadores resuben con menor frecuencia que en las partidas de efectivo, de modo que cuando alguien lo hace su rango percibido está mucho más inclinado hacia este tipo de combinaciones con manos que incluyen ases. Esto significa que se puede saber exactamente contra que se está jugando y por lo tanto, tomar decisiones más acertadas en las siguientes rondas en donde un mayor número de fichas se ponen en juego.
La solución más simple es la de simplemente igualar con los ases antes del flop. Esto funciona bien por que oculta fortaleza de la mano y mantiene en el pozo a jugadores con manos bien conectadas que pagarán cualquier precio en el flop y las siguientes rondas de apuestas buscando concretar. Esto no es una regla en todos los casos, pero funciona bien con stacks muy profundos. En el caso de tener una pila mucho más corta en donde fácilmente terminaremos all-in en condiciones favorables contra un oponente, empujar esta equidad a fondo es la mejor opción mientras tiene sentido hacerlo.
Pilas cortas: calma, no pánico
Un elemento que distingue al PLO del NLH en la dinámica de pila corta es la ausencia de antes en la mayoría de los torneos de esta variante. En el Hold´em, los antes erosionan las pilas rápidamente y generan una presión constante para actuar. En PLO, sin antes, las ciegas llegan con menor frecuencia y la sangría es mucho más lenta.
Eso significa que los jugadores con pila corta tienen más tiempo del que perciben. El error más habitual es ceder a la ansiedad y buscar un spot con manos subóptimas, especialmente a través de resubidas forzadas. Galfond recomienda exactamente lo contrario: mantener la paciencia, esperar las manos adecuadas y no precipitar movimientos que solo añaden varianza sin una ventaja clara.
El veredicto final
Jugar ajustado es lo correcto (Tight is right). Esa es la síntesis de Galfond sobre cómo afrontar los torneos de Pot-Limit Omaha. No es glamoroso, no genera grandes historias de heroísmo y bluff, pero es lo correcto. La reducción de varianza en un formato donde el ICM castiga cada error de cálculo es, en sí misma, una estrategia ganadora. Esta enseñanza proviene de un jugador que hizo historia en PLO antes de que el juego fuera tan popular como lo es hoy, así que vale la pena escucharle bien.
Fuente: Phil Galfond on Pot-Limit Omaha Tournament Strategy: Tight is Right escrito para Pokernews
